Capítulo — Volver a Casa Martín respiró hondo, se limpió con la manga las lágrimas que ya no pudo contener y apoyó la frente contra la de Clara. —Déjame volver a casa —susurró, con la voz rota—. No como tu marido, si no querés… pero como el padre de nuestros hijos. Quiero ayudarte con Milagros, con Martina, con Benja. Quiero estar ahí para que vos estés tranquila, para que no cargues sola con todo. Clara, dejame hacer aunque sea eso bien. Clara lo miró en silencio. Sus ojos seguían brillando de lágrimas, pero en ellos no había esperanza: había cansancio, desconfianza, una herida demasiado profunda. —Por los chicos… —dijo finalmente, con la voz apenas audible—. Te voy a dejar entrar. Por ellos, porque necesitan a su papá. Pero no confundas eso, Martín. No es por nosotros. Lo nuestro… es

