Capítulo — Como Amantes El cielo comenzaba a teñirse con los últimos tonos del atardecer cuando Martín, con una sonrisa nerviosa, preguntó lo que llevaba rato guardado en el pecho. —¿Y la nena? —su voz tembló apenas, como si no quisiera romper la magia de la tarde. Olivia, con la serenidad de siempre, respondió con dulzura: —Milagros es un ángel, hijo. Ya tomó la mamadera y tiene unas horitas más de sueño. Quedate tranquilo, disfruten. Carlos, con su tono firme, añadió: —Nosotros nos encargamos. Andá, Martín, que todo está bajo control. Las palabras de sus padres fueron como un permiso tácito. Martín se volvió hacia Clara, que lo miraba con esos ojos brillantes donde todavía habitaba la duda, pero también una chispa de deseo contenido. —¿Me seguís? —le preguntó él, con una sonrisa

