Capítulo — La Sospecha y La Ruptura El silencio de la tarde se hacía espeso, casi sofocante. Clara estaba en el sofá, recostada con la bebé dormida sobre su pecho. Sentía el calor tibio de ese cuerpecito frágil, el milagro que acababa de llegar a su vida, y sin embargo su mente no descansaba. Llevaba días observando cada gesto de Martín, cada palabra cortada, cada mirada esquiva que se deslizaba como sombra en la casa. Su intuición no se equivocaba: algo se le estaba escapando, algo que él se empeñaba en no decir. Desde que había regresado de la hacienda de Mateo, lo notaba distinto. No era solo el cansancio de la empresa, ni el esfuerzo por mantener el ritmo con los niños y los cuidados de la recién nacida. Sus ojos lo delataban: había un peso en él, una verdad que cargaba y que se nega

