Capítulo 3—El lugar donde todo empezó… y donde hoy vuelve a empezar

1521 Palabras
Capítulo 3 :El lugar donde todo empezó… y donde hoy vuelve a empezar El ascensor subía lento. El número “3” parpadeaba con una luz tenue. Clara lo miraba sin pestañear, abrazando a Benjamín con un brazo y llevando la mochila de Martina colgada del hombro. No había llamado a nadie. Ni a su hermano. Ni a su mejor amiga. Ni a su suegra. Nadie. Solo había cargado el auto y manejado en automático hasta ese lugar que nunca creyó que volvería a necesitar. Su monoambiente. El primero que había alquilado y que compro con sus ahorros,cuando se independizó para estudiar. Donde dormía con libros apilados al lado de la cama, donde pasaba horas revelando fotos en papel, donde soñaba con tener una vida mejor. El que nunca vendió. Porque le tenía cariño,era que algo le decía que siempre debía guardarse una salida. Una puerta siempre abierta. Un plan B. Quién hubiera imaginado que lo usaría porque su esposo la engañó hasta el punto de robsrle todo. Por suerte, aún tenía sus ahorros en la tarjeta estudiantil que nunca cerró. Una cantidad mínima, escondida. Un fondo para emergencias. Y vaya si esto era una emergencia. Martina bajó del auto media dormida. Benjamín también. Los subió como pudo. Abrió la puerta del apartamento. El aire estaba espeso, como si la soledad también se hubiera acumulado con el polvo. Encendió la luz. Todo seguía igual. La vieja mesada. La cama de una plaza y media. La mesa donde antes revelaba fotos. Las cajas con papel fotográfico. Las cámaras viejas. El tripié. Ahora sería su casa. Otra vez. Dejó a Benjamín en la cama. Martina se metió sola, buscando el calor de su madre. Clara se acostó con ellos. Los abrazó fuerte, como si el cuerpo le pidiera aferrarse a lo único que le quedaba. Y sin querer, sin poder evitarlo, volvió a ese primer recuerdo. A la noche en que conoció a Martín. Ella trabajaba como fotógrafa profesional para pagarse la universidad. Era la fiesta de graduación de la facultad de Administración de Empresas. Luces, música, chicos y chicas bailando en trajes alquilados, copas en mano, gritos de "¡salud!" por todas partes. Clara solo estaba ahí por trabajo. Con su cámara colgada al cuello, caminaba entre mesas, captando sonrisas, abrazos y brindis. No esperaba que esa noche le cambiara la vida. Hasta que lo vio. Martín estaba en una esquina del salón. Alto, con la camisa negra remangada y la mirada fija en ella. No en la cámara. En ella. Primero pensó que la estaba confundiendo con otra chica. Pero cuando él se le acercó con una sonrisa honesta, supo que no. —¿Tenés un minuto para sacar una foto que me quede grabada para siempre? —le dijo. Ella rió. Fue inevitable. —Depende. ¿Querés que sea tu cara o tu alma la que quede en la imagen? —Con tal de volver a verte, que sea lo que vos quieras. Fue directo. Sin rodeos y sin arrogancia. Solo parecía alguien que se había fijado en ella de verdad. Esa noche, después del evento, le pidió su número con la excusa de ver las fotos. No pasó mucho tiempo que al día siguiente, ya estaba escribiéndole. —¿Te puedo invitar un café para agradecerte por esa foto que todavía no vi? Se vieron en una cafetería a media cuadra de la universidad.Ella estudiaba Marketing de Empresas estaba a meses de recibirse. Él trajo una flor. Una rosa amarilla. Ella se burló: —¿Amarilla? ¿No se supone que son rojas? —Las rojas son para cuando ya estás enamorado. Esta es por admiración y por respeto. A los pocos días, fue una rosa roja. Después un ramo hermoso y después un beso. Martín no venía de una familia rica, pero tenía más recursos que ella. Y, aun así, la trató como si fuera un tesoro. La escuchaba hablar de su cámara con pasión. Se interesaba en sus trabajos, en sus horas editando fotos, en sus prácticas con luz natural. Le decía que tenía un talento especial. Que sus fotos captaban el alma. Que él quería una vida con ella. Y ella le creyó. Le creyó todo. Clara se giró en la cama, acarició el pelo de Martina y tragó saliva. El corazón le latía en la garganta. ¿Cómo se pasa del amor más puro… a la traición más sucia? No tenía respuestas. Solo dolor y el cuerpo agotado. Y dos hijos dormidos al lado. Esa noche no lloró. Ya había llorado demasiado. Solo cerró los ojos. Y se prometió a sí misma que ese sería el último día que viviría de un recuerdo. *** El escritorio seguía lleno de fotos. La carta estaba abierta como una herida que no dejaba de sangrar. Martín… borracho. Había abierto una botella que encontró en el mueble del comedor. No era de las buenas. Pero ardía y eso era todo lo que necesitaba. Cuando escuchó el timbre, ni se levantó. Sabía quién era. Porque cuando su madre lo llamó y él no respondió, cuando su padre le dejó un mensaje con un “decime que esto no es cierto”… supo que iban a venir. La puerta se abrió de golpe. Carlos y Olivia entraron sin anunciarse, como cuando Martina era bebé y caían a la hora de la cena. Pero esta vez, no traían regalos. Carlos lo miró. Lo vio con la camisa arrugada, la barba crecida, el vaso en la mano y los ojos rojos. Su padre fue directo al grano. —¿Dónde está Clara? —preguntó Olivia, sin filtro. Martín bajó la vista. No contestó. —¿Están bien los nenes? ¿Dónde están tus hijos? —No están acá —dijo Martín. Su voz arrastrada. Cansada. —¿Qué hiciste, Martín? —Lo que ustedes me dijeron que hiciera hace años —escupió él, levantándose tambaleando—. ¡Ustedes nunca quisieron a Clara! Siempre me repitieron que Julieta era “de familia”, que venía con apellido, con contactos, con futuro. —¡No te atrevas a decir eso ! —rugió Carlos. —Es la hija de tu mejor amigo, papá. ¿Qué te sorprende tanto? ¿Ahora resulta que no te gusta más ? Carlos se acercó. La mano le temblaba, pero no tenía duda…de contención. Y entonces, sin avisar, le dio un cachetazo a su hijo. —Espero que estés borracho. Porque si lo que decís, lo hiciste sobrio… yo mismo voy a ayudar a Clara a divorciarse y a dejarte sin nada. ¡Nada! Martín no se movió. Apenas respiró. —Nunca permitiría ni aceptaría una traición así a ninguna mujer —escupió Carlos—. ¡Y menos a Clara! —No te preocupes papá —dijo Martín con una sonrisa triste y amarga—. No va a poder sacarme nada. Ya lo perdí todo. Olivia lo miró con una mezcla de furia y decepción. Se tapó la boca. Dio un paso atrás. Carlos buscó con la mirada a su esposa y, casi susurrando, le dijo: —Fuimos injustos con ella, Olivia… Pensamos que quería atraparlo con el embarazo, que era una persona interesada. Que venía por el apellido y el dinero. —Y al final… —agregó Olivia, con lágrimas contenidas—, fue ella la que más nos dio. La que crió a nuestros nietos con amor. La que nos abrió la puerta cuando vos y yo estábamos equivocados. Carlos asintió. —El día que nació Martina, supe que Clara era más que la madre de mi nieta. Era parte de esta familia. Y hoy, nosotros no le fallamos. Martín apoyó el vaso en el escritorio. Ya no le encontraba a gusto. Ni al whisky, ni a las excusas. —Yo… solo quería salvar la empresa. No fue lo que parece. —¿Y con Julieta en un hotel? —le respondió Olivia, con la voz rota—. ¿También era por la empresa? Carlos lo miró con los ojos llenos de decepción, esa que duele más que cualquier grito. —No sé en qué te convertiste, Martín. Pero el hombre que eligió Clara… ya no sos vos. Y hasta que no lo recuperes —si es que todavía queda algo—, no esperes que pongamos las manos en el fuego por vos. Martín no respondió.Se le trababa la lengua por la borrachera. Ni podía. Ni sabía cómo. Solo miró el desastre sobre el escritorio. La carta. Las fotos. El lugar donde alguna vez creyó tener una vida y ahora solo tenía cenizas. . El teléfono volvió a sonar. Martín ni miró la pantalla. Está vez sí contestó sin pensar, con la voz ronca, vencida. —¿Hola? —Hola, Martín… soy Julieta. Él soltó una carcajada amarga. —Oh, Julieta… vení cuando quieras. Mi esposa me dejó. Se llevó a los nenes. Me quedé solo. Del otro lado, Julieta sonrió como una víbora satisfecha. —Perfecto —dijo con suavidad—. Entonces esta tarde paso a verte. Y cortó. Al fin,Martín había caído. Justo donde ella siempre quiso.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR