¡Un mensaje!

1679 Palabras
+NADYA+ Han pasado tres años desde que me convertí en la señora de Alexei Volkov, y, sin embargo, cada mañana al despertar, la sensación es la misma: fría, distante, como si viviera al lado de un extraño. El sol se cuela a través de las cortinas pesadas de mi habitación, pero su luz no logra calentar el vacío que siento en mi pecho. Desde que me casé con Alexei, ambos dormimos en habitaciones separadas, y cada noche me arrastro a mi cama, sintiéndome más sola que nunca. Nuestra relación es un glaciar, impenetrable y helado. Me siento en el borde de la cama, mis pies tocando el suelo frío, y me pregunto por qué sigo aquí. Por qué sigo esperando algo que sé que nunca va a llegar. La casa está en silencio, solo interrumpido por el monótono tic-tac del reloj de péndulo en el pasillo, una melodía triste que parece burlarse de mí. Me levanto, arrastrando los pies hacia el baño. El reflejo en el espejo me devuelve una versión de mí que no reconozco. ¿Dónde quedó la mujer que soñaba con el amor, con una vida compartida? Ahora solo soy una sombra que sonríe en eventos sociales, que finge que todo está bien. Pero ese día, algo cambió. Estaba en la sala, hojeando un libro sin prestar atención, cuando mi teléfono vibró sobre la mesa. No esperaba ningún mensaje, así que, al principio, lo ignoré. Pero la vibración insistió, como si el aparato supiera que contenía algo que no podía ignorar. Tomé el teléfono y vi el mensaje. No había remitente, solo un número desconocido. “Sé dónde está Katerina. ¿Qué hará él cuando lo sepa?” El mundo se detuvo. Katerina. Su nombre era un eco prohibido en esta casa, un susurro que nunca se pronunciaba. La mujer que Alexei había amado y que había desaparecido antes de nuestra boda, dejando tras de sí un vacío que yo nunca pude llenar. Leí el mensaje una y otra vez, como si al hacerlo pudiera cambiar su significado. Mi corazón latía con fuerza, un tambor sordo en mis oídos. ¿Qué significaba esto? ¿Era una broma cruel o alguien realmente sabía dónde estaba ella? La duda me devoraba por dentro. Guardé el teléfono en mi bolsillo, pero las palabras seguían resonando en mi mente. ¿Debería contarle a Alexei? ¿Qué haría si supiera que Katerina está de regreso… o al menos que alguien sabe de ella? ¿Me dejaría? La idea de perderlo me llenó de desesperación, pero la idea de permanecer atrapada en esta vida vacía era aún más aterradora. No podía quedarme de brazos cruzados. Tenía que saber la verdad. Esa noche, esperé a que Alexei se fuera a su despacho, como siempre hacía después de cenar. Su rutina era predecible: una copa de whisky, llamadas hasta tarde, y luego subía a dormir, sin más que un par de palabras educadas para mí. Cuando escuché la puerta del despacho cerrarse, saqué el teléfono y respondí al mensaje. “¿Dónde está Katerina?” La respuesta llegó casi de inmediato. “Ven al Mirador, colina de los gorriones, mañana al atardecer. Ven sola, de lo contrario, nunca sabrán de ella.” El Mirador, colina de los gorriones. Un lugar conocido por sus vistas impresionantes, pero también por las historias oscuras que lo rodeaban. Desapariciones, accidentes… el tipo de lugar donde las cosas podían salir mal. Pero no me importaba. Necesitaba respuestas. Necesitaba saber la verdad. El día siguiente pasó en un borrón. Cada vez que Alexei me dirigía la palabra, mi mente regresaba al mensaje. ¿Qué haría si él descubriera que estaba buscando a Katerina? ¿Y si esto era una trampa? Pero el miedo no fue suficiente para detenerme. Cuando el sol comenzó a bajar en el horizonte, asegurándome de que Alexei no estuviera en casa, tomé mi abrigo y salí sin decir nada. Conduje hasta el Mirador, colina de los gorriones, mis manos temblando sobre el volante. + Cuando llegué, el lugar estaba desierto. El viento soplaba fuerte, arrastrando hojas secas y llenando el aire con un susurro inquietante. Bajé del auto y comencé a caminar hacia el borde del mirador, donde la vista de la ciudad se extendía a mis pies, bañada por la luz dorada del atardecer. Esperé. El tiempo parecía haberse detenido. Mi corazón latía con fuerza, cada sonido a mi alrededor me ponía en alerta. Pasaron minutos, tal vez horas, o al menos así se sintió. Y entonces, lo escuché. Pasos detrás de mí. Me giré rápidamente, pero no vi a nadie. La brisa fría me azotó el rostro y, por un momento, pensé que tal vez había imaginado todo. Pero no estaba sola. Una figura emergió de entre las sombras, un hombre con el rostro cubierto por la capucha de su abrigo. Su presencia me heló la sangre. —¿Eres tú la que busca a Katerina? —su voz era grave, casi un susurro—. Si quieres vivir, no te muevas. El miedo me paralizó. Miré hacia atrás, hacia el abismo que me esperaba si decidía resistirme. Tragué saliva con dificultad y asentí, incapaz de articular palabra. El hombre sacó un teléfono del bolsillo, sus dedos firmes marcando un número que reconocí al instante. Quise gritar, quise pedir ayuda, pero mi garganta estaba cerrada por el terror. El sonido del timbre resonó en el silencio de la noche hasta que alguien contestó al otro lado. Mi corazón se detuvo cuando escuché su voz. —¿Aló? Era Alexei. Mi piel se erizó, una mezcla de esperanza y desesperación recorrió mi cuerpo. El desconocido puso el teléfono en altavoz, apretándome más fuerte. —Alexei —dijo el hombre, su voz ahora cargada de una tensión amenazante—. Si de veras amas a tu esposa, este es el momento de demostrarlo. Hubo un silencio breve, seguido de confusión en la voz de Alexei. —¿Qué? ¿Quién eres? ¿Qué clase de broma es esta? Nadie conoce a mi esposa, es mejor que dejes de molestarme. El desconocido soltó una risa seca, casi siniestra. Su cuerpo se tensó mientras apretaba mi brazo hasta que sentí que la piel se me rompía. —No es una broma, Alexei. Tu respuesta puede salvar su vida. ¿Qué significa Nadya para ti? Del otro lado de la línea, escuché ruido de fondo, voces apagadas, como si Alexei estuviera saliendo del trabajo. Mi corazón latía con una fuerza brutal, cada segundo se sentía como una eternidad. —Haz lo que quieras, tengo problemas más serios, para escuchar un charlatán —respondió él con frialdad. Sentí que el suelo se desmoronaba bajo mis pies. El desconocido no se detuvo. Y yo no quería que él se detuviera, quería oír la voz de preocupación de Alexei. —¿Quieres que tu esposa siga con vida? ¿O la prefieres muerta? Alexei bufó al otro lado. —Estás loco. El desconocido apretó más fuerte mi brazo, haciéndome soltar un quejido ahogado. No sé qué más me dolía más, si la falta de preocupación del que se dice ser mi esposo o el apretón de este desconocido. —Entonces, ¿no te molestaría que ella muriera? El silencio de Alexei fue interrumpido por una voz femenina en el fondo. —Debemos entrar, la cena está lista. Y, sin más, Alexei colgó. —¡Llámalo! ¡Llámalo ahora mismo! —grité con todas mis fuerzas, mi voz resonando como un trueno en el silencio. La desesperación en mis palabras era palpable, casi tangible, y el desconocido frente a mí retrocedió un paso, visiblemente asustado—. ¡No me importa que no responda!—insistí, sin dejar de mirarlo fijamente—. ¡Hazlo, llámalo de nuevo! El hombre temblaba, sus manos torpes mientras intentaban marcar el número en su teléfono. Pero no había respuesta, y eso solo alimentaba mi ira y mi desesperación. —¡Otra vez! —grité, mi voz quebrándose un poco, pero aún firme—. ¡Hazlo otra vez! A pesar de su evidente temor, el desconocido obedeció, con manos temblorosas, marcó una y otra vez. Pero cada vez que el tono de llamada se quedaba sin respuesta, una chispa más de furia se encendía en mi interior. —¡No te detengas! —rugí, mi desesperación alcanzando un nuevo nivel—. ¡Llámalo hasta que responda! El sonido de la desconexión fue como un disparo en mi pecho. El desconocido soltó una carcajada seca, y sin darme tiempo para reaccionar, me empujó hacia el vacío. El aire me golpeó la cara mientras caía, y un grito desgarrador, que ni siquiera sabía que podía producir, escapó de mi garganta. El frío del abismo me envolvió, y justo antes de perder la conciencia, el rostro de Alexei cruzó por mi mente, su indiferencia clavándose en mí como un cuchillo. Sentí el vacío bajo mis pies, el aire escapando de mis pulmones mientras caía. Todo pasó en un segundo, pero en ese breve instante, vi toda mi vida pasar frente a mis ojos. El impacto no fue como esperaba. No golpeé el suelo, sino que quedé atrapada en unas ramas, mi cuerpo colgando precariamente sobre el abismo. El dolor fue inmediato, pero el miedo era aún más grande. Grité, pero el sonido fue tragado por el viento. Miré hacia arriba, esperando ver al hombre; sin embargo, ya no estaba allí. Estaba sola. El frío comenzó a calar en mis huesos, y supe que si no hacía algo pronto, no saldría de allí con vida. ¿Quién me había enviado ese mensaje? ¿Quién quería verme muerta? Solo había una persona que podía tener las respuestas. Alexei. La idea me llenó de pavor y determinación. En esta encrucijada, comprendí que no podía seguir siendo una sombra en su vida. Si quería recuperar mi voz, mi vida, tenía que enfrentar lo que sea que se interpusiera entre nosotros, incluso si eso significaba desenterrar verdades que preferiría olvidar. ¿Será posible que mi hermana ya regresó y Alexei me quiere muerta.?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR