—¡Él me quiere a mí, no a Katerina! —¡Cierra la boca, mocosa estúpida! —¡Nooooo! Mi garganta dolía de tanto gritar. Mi corazón latía con fuerza. —¡Katerina tiene un novio! Su cara se crispó. —¡No tienes idea de lo que dices! —¡Sí lo sé! ¡Él la engañó y tú lo sabías! Sus labios se apretaron en una línea delgada. —¡Así que déjame en paz! Su mano se alzó. La bofetada llegó con fuerza. Mi rostro se giró hacia un lado. Mi mejilla ardía. —¡CALLATE, INÚTIL! Mis ojos se llenaron de furia. —¡NO TIENES PERMISO DE HABLAR! Mi cuerpo se tensó. Lo sabía ese odio que ella siempre ha sentido por mí es tan inmenso que no hay poder sobre humano que la haga cambiar. —¡Desde que murió tu hermano por tu culpa, no tienes derecho a hablar! Mis piernas temblaron. Y mi hermano tiene que ver... Y

