Las cajas me resultan familiares. Me acerco a ellas y jadeo cuando las reconozco. Son las mías. Mis cajas en las que empaqué mis pinturas y todos mis materiales de arte. Todo lo que me iba a llevar a Florencia. Darme cuenta me hace apresurarme a ir hacia ellas. Las cajas están abiertas y preparadas para que pueda terminar de organizar el contenido. Candace tiene una sonrisa brillante en su rostro. Una lágrima incontrolable recorre mi mejilla mientras exhalo entrecortadamente. No me di cuenta de cuánto extrañaba mi arte. Tener mi ropa fue agradable y alivió mi mente. Pero... esto calma mi alma. —Ey—dice Candace cuando me limpio la lágrima con la palma de mi mano—. ¿Estás bien, Anastasia? —No—respondo porque esa es la verdad. No estoy bien. Este acto de bondad me ha bajado en picada, en

