-Esto está mal- dije de repente poniéndome de pie- Me voy- caminé hacia la puerta y ellos se quejaron. -Maldición, Kía- dijo Kory enojado-¿Por qué eres tan aburrida? Amelia dejó de brincar y me miró, su labio inferior entreabierto y sus mejillas sonrojadas. -Por favor, no te vayas- murmuró y por poco me dejo convencer de su mirada angelical, pero no podía seguir ahí y salí corriendo, escuchándola llamar mi nombre y con el frío de la noche sobre el rostro, atravesé la calle y entré a mi casa. Acelerada, agitada y avergonzada, me lancé sobre la cama y dejé escapar unas cuantas lágrimas. Tenía mucha adrenalina y a la vez, me sentía fatal. ¿Cómo me dejé envolver en esos juegos miserables cuando tenía todas las de perder? Por mi maldita culpa, mi maldito interés en esa rubia me llevo a lí

