Narra Sophia: Diez años después. —¿Sophia? —Pregunta el hombre encadenado a la enorme cruz del cuarto. Me quejo con mi voz. No entiendo como cuesta que las personas entiendan una orden. —¿Acaso permito que diga mi nombre? —Disculpe, señora. —El hombre baja la mirada, privándome de sus bellos ojos grises. —Señorita. —Corrijo. —Mereces un castigo… Permanezco en silencio. No recuerdo el nombre de mi actual sumiso. No es un tema del cual preocuparse. El hombre está solo en bóxer. Su cuerpo es robusto. Y grande. Me gusta poder dominar a hombres que son fuertes y altos. Me hace sentir poderosa. —Aceptaré lo que me entregue, señorita. Sonrío. Esa respuesta me gusta. Después de lo ocurrido en Aspen con Stephan, mi mejor amigo, que en ese entonces me gustaba, me presentó una opció

