Me preguntaba cuánto me contaría si se lo preguntaba aquella noche. Suponiendo que pensara visitarme, claro. Una repentina oleada de melancolía se apoderó de mí mientras estaba sentado frente a la laptop. Me di cuenta de que era por la posibilidad de que no viniera a visitarme esa noche. Era una sensación muy extraña. Al fin y al cabo, no era una chica de barrio que me había llamado la atención y con la que esperaba empezar una relación. Aun así, no podía negar el sentimiento de desesperación que crecía en la boca de mi estómago al considerar la posibilidad de no volver a verla. Aquella noche me propuse pasarme con el café y me quedé abajo en el sofá hasta que me dormí. No quería perder la oportunidad de despertarme, y decidí que era más probable si estaba más cerca de la cocina cuando

