—De acuerdo —aceptó ella—, si está segura de que no será ningún problema. —Connie se lo pensó un momento. La mujer la introdujo en la tienda y cerró la puerta tras ellas. —Ahora, si eres tan amable de esperar aquí —le pidió—, me temo que con todo por todas partes no queremos que tropieces con algo y te hagas daño. —Y soy lo bastante torpe como para hacer precisamente eso. —Connie admitió y se rio. La mujer se agachó bajo el mostrador, justo a la izquierda de Connie, y pulsó un interruptor. Segundos después estaban bañadas en luz. Connie aprovechó la situación y escudriñó la variedad de artículos que llenaban la tienda. Ahora incluso podía ver las dos habitaciones más alejadas, ya que el interruptor de la luz parecía controlar todo el techo que se extendía hasta donde ella podía ver.

