Capitulo 1

1368 Palabras
Khalid El evento continúa como si el mundo no acabara de inclinarse bajo mis pies. Sonrío, asiento, estrecho manos, escucho felicitaciones y bendiciones mientras por dentro intento mantener el control de algo que jamás debió salirse de mis manos, mi vida, mi matrimonio y mi amor por Amina. Las entrevistas con las candidatas siguen su curso en una sala privada, lejos de las miradas curiosas. Todo está cuidadosamente organizado por mi familia, los tiempos, las preguntas, los gestos adecuados. Es un ritual antiguo disfrazado de modernidad, el cual Adriana no pudo ocuparse de el por todos las tradiciones que traia, pero aun asi yo me siento al centro, con el peso del apellido Al-Nasser sobre los hombros. Una por una, las mujeres se presentan ante mi. Son educadas, hermosas y preparadas para lo que yo buscaba, hablan de tradiciones, de familia y de herencia como si a mi me interesaran los negocios de sus familias. Responden exactamente lo que se espera de ellas, yo escucho, pero mi mente regresa una y otra vez a Amina, a la forma en que sus ojos brillaban hace un momento, orgullosos y rotos al mismo tiempo. Entonces entró ella... Leyla Demir no intenta impresionar, no baja la mirada en exceso ni la sostiene más de lo debido. Habla con serenidad, con respeto, con una inteligencia tranquila que no busca destacar, pero lo hace, encaja demasiado bien. Nuestras familias han sido amigas desde siempre, su padre fue socio de mi padre durante años, hombres que se forjaron juntos en acuerdos firmados con honor y lealtad. Elegirla tiene sentido en todos los aspectos que no involucran al corazón y eso, precisamente, es lo que la convierte en la opción correcta. Eso es lo que todos quieren, eso es lo que esperan de mí. Pero mientras ella responde con gracia, solo puedo pensar que el amor no está aquí sentado frente a mí. El amor me espera afuera, sosteniéndose con dignidad entre miradas ajenas, fingiendo que esta decisión no la está desgarrando. Amina, la luz de mi vida... ella proviene de una familia bien posicionada, dueños de una pequeña mina de oro, respetados, discretos y orgullosos. Cuando se habló por primera vez de nuestro matrimonio, muchos creyeron que sería un acuerdo más, una alianza conveniente entre familias, pero nunca fue así. Yo la amé desde el primer momento en que me miró sin miedo. Desde la forma en que me habló sin reverencia exagerada. Desde la manera en que sonrió como si no le importara mi apellido. Nuestro matrimonio no nació de un negocio, nació del amor. Un amor intenso, real e imperfecto, ahora ese amor debía aprender a compartirse. Cuando la última entrevista termina, sé que la decisión ya está tomada, aunque mi corazón se haya resistido desde el inicio. Si fuera solo por mí, no estaría aquí, si dependiera de mi deseo más profundo, jamás le fallaría a Amina de esta manera. Porque eso es lo que siento que estoy haciendo, fallarle y no porque no la ame. Sino porque el mundo en el que nací exige más de mí que fidelidad emocional, exige herederos, continuidad, promesas cumplidas a generaciones que nunca preguntaron qué quería yo. Salgo de la sala con el rostro firme, con el porte del heredero que todos esperan, busco a Amina con la mirada de inmediato. Y cuando la encuentro, algo en mi pecho se aprieta con fuerza, ella me devuelve una sonrisa suave, valiente, una que me rompe por dentro. Doy la respuesta que todos esperaban, anunció a mi segunda esposa y llamo a Amina para que se acerque y Leyla hace lo mismo. Me acerco a mi esposa y la rodeo con el brazo. Necesito que todos vean lo que es evidente para mí desde siempre, mi corazón le pertenece. Porque amar a Amina nunca fue una decisión, fue un destino. Y ahora debo aprender a vivir con la culpa de haber permitido que ese destino se fracture… aun cuando ella fue la que me dio permiso para hacerlo. El murmullo del salón vuelve a envolvernos cuando me inclino ligeramente hacia Amina, instintivamente, buscándola como siempre. Sabia que las muestras de amor en público estaban mal, que no debia hacer esto, pero la verdad es que no me importaba, amaba a mi esposa y eso debían entenderlos todos. Mi brazo sigue rodeando su cintura, como si ese gesto pudiera anclarme a la única verdad que conozco. Entonces, una voz grave se interpone. —Khalid —dice el padre de Leyla con cortesía firme— Si abrazas a tu primera esposa, debes hacerlo también con la segunda. — No hay reproche en su tono, solo una corrección envuelta en tradición. Aun así, siento el peso de esas palabras como un golpe silencioso. Asiento porque no tengo opción. Me separo apenas de Amina, lo suficiente para girarme hacia Leyla, ella levanta la vista, consciente de la mirada de todos, consciente de lo que este gesto significa. La abrazo con respeto, con cuidado, con la corrección que exige el momento. Pero no siento nada. No hay fuego, no hay hogar, ni hay paz. Es un abrazo vacío, correcto y esperado, mi cuerpo cumple, pero mi corazón permanece lejos, aferrado al recuerdo de cómo se siente abrazar a mi esposa. Porque cuando rodeo a Amina, el mundo se calma, cuando la tengo entre mis brazos, todo tiene sentido. Esto… esto es solo un deber. Los aplausos vuelven, las sonrisas, las felicitaciones y yo mantengo el rostro sereno, el porte intacto, aunque por dentro una parte de mí se resista con furia silenciosa. La celebración llega a su fin entre promesas y bendiciones, me acerco a Leyla una última vez. —Hablaré con tu padre para acordar la fecha de la boda —le digo con respeto. Ella asiente, educada, sin exigir más de lo que sabe que puede recibir. —Esta bien, espero llevarme bien con Amina, nunca fuimos cercanas— mencionó y yo suspiré —Espero que si, porque Amina es todo para mi y no quiero malentendidos entre ustedes — sus ojos se oscurecieron un poco y luego sonrió —Se que la amas a ella y no me importa, tarde o temprano también voy a recibir un poco de tu amor— sonrió y yo suspiré —Khalid, ¿Cuándo fijarnos fecha para la boda? — preguntó el padre de Leyla y yo mire a Amina quien se había alejado un poco de nosotros —Es un tema que debo hablar primero con mi esposa, deberá entender que ella es mi prioridad y que su opinión vale mucho para mi, asi que en cuanto tenga una respuesta ire a buscarlo — mencione y él solo miró a mi esposa y luego asintió — Entiendo, Khalid, has tomado la decisión correcta— aseguró y luego se llevó a su hija. Me despido de ambas familias, agradezco, sonrío, inclino la cabeza y cuando por fin salimos del salón, el aire nocturno de Dubái me golpea el rostro como un alivio tardío. Subimos al auto, Amina se sienta a mi lado, elegante, perfecta… y distante. Lo noto de inmediato, su mirada se pierde por la ventana, sus manos descansan juntas sobre su regazo, quietas, como si temieran tocarme. El trayecto es silencioso, demasiado silencioso para una noche que debería estar llena de palabras. —Habibi… —murmuro, rompiendo la quietud. Ella gira apenas el rostro hacia mí y me regala una sonrisa pequeña, contenida. —Estoy bien —dice como leyera mi mente, pero la conozco demasiado bien. No se acerca como siempre, no apoya la cabeza en mi hombro, su cuerpo está aquí, pero algo de ella se ha quedado atrás, en ese salón iluminado donde mi vida tomó un rumbo que jamás quise. Aprieto las manos sobre mis rodillas, luchando contra la culpa que me quema por dentro, la amo, la he amado siempre. Y aun así, esta noche le he pedido que comparta un lugar que nunca debió dividirse. Mientras el auto avanza por las calles brillantes de la ciudad, solo puedo pensar en una cosa: He cumplido con mi deber como heredero... pero no sé cómo voy a vivir con el miedo de estar fallando como esposo.
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