“La vista desde mi ventana hoy no me parece más hermosa, no quiero comerme al mundo, no deseo llegar a lo más alto. En su lugar, espero la dulce caricia de una mujer que me dejó callado, nunca alguien me había dejado callado. Menos una dama, ni siquiera con su presencia, había conseguido callarme de esa manera, jamás un ser humano me dijo que era un idiota ciego. Y sí que lo soy. En ese momento, era lógico para mí tratarla como a una mujerzuela, después de los hechos, uno siempre cree lo que ve y no piensa en el trasfondo de la situación. Pero ella, solo con su tono de voz me dijo que me había equivocado y luego que se desahogó, ya no pude revertir mis palabras. Amy nunca fue de las que alzaran la voz, ni siquiera para defenderse de que la llamaran fea, adefesio, inútil y cuanto apela

