Mi padre me ha advertido que Amy llegará en una limusina de color blanco y que debo esperar por ella, tal como he hecho los años anteriores con Camille. Pero lo cierto es que este año no será igual, porque a Amy en verdad la espero con todo el nerviosismo de un adolescente que espera su cita de graduación. Veo algo de agitación, dirijo mi vista hacia donde todos lo hacen y camino hasta la acera porque consigo ver el vehículo que trae a mi destino. En cuanto se aparca me acerco para abrir la puerta, pero los nervios me atacan y tengo que calmarme o seguro que en cuanto la vea me lanzaré sobre ella, cerraré la puerta y le mandaré al chofer que nos lleve lejos de aquí. Cuando consigo poner mi mano en la puerta, la abro sin saber qué me encontraré adentro… y así es. Se me cae la mandíbula a

