Decir que te quieres casar en una semana es muy fácil, hacerlo es lo realmente difícil. Lauren me odia por completo, porque la tengo vuelta loca con los detalles de la boda, excepto por el vestido, que ya habíamos visto en cuanto llegué de Boston. John en tres días envió las invitaciones y confirmó la asistencia de más de cuatrocientas personas, entre ellos amigos y socios como James Knox y Gerard Finnick, el mejor abogado de la ciudad, quien lleva los casos contra los desgraciados de Camille y Josh. Abraham se volvió loco con la noticia y me dijo que para mi boda sería él quien se encargaría de la música, desde la ceremonia, hasta la fiesta. Mi abuela me hizo el ramo de flores y me regaló el velo que usó ella, uno que ha pasado por cinco generaciones y se mantiene intacto. Ella y Laure

