Mauro llegó justo cuando ella abría la puerta. La había corrido, pero al enfrentar su movimiento tan desprevenido no tuvo más remedio que esconderse detrás de una columna. No tenía idea de lo que estaba ocurriendo y eso no le gustaba, pero menos aún le agradaba el hecho de que ella lo hubiera tratado de ese modo. No esperaba que lo adorara, pero al menos podía mostrarse como antes, más abierta, dispuesta a pasarla lo mejor posible. En ese momento recordó su encuentro, sus dos encuentros en realidad y supo que aquello no podía ser gratuito. Las mujeres eran complicadas, aunque dijeran que solo se trataba de sexo, nunca lo era y eso comenzó a fastidiarlo. ¿Acaso pensaba que iba a proponerle matrimonio? Era un prófugo de la ley y aunque no mereciera su condena, no podía ofrecerle la libert

