El brillo de la oscuridad azabache . . Desde el acantilado la vi y todo el cansancio de mis músculos pareció desaparecer. El sudor de mi frente, mi respiración y mi corazón palpitando perdieron su valor. El murmullo de los caminantes a mi lado se silenció frente al mar y mis pies olvidaron su largo andar. -Señor, vamos a comer algo- oí, pero no respondí. Entonces el acantilado se convirtió en vegetación y la humedad volvió a victimizar mi rostro. Su figura caminaba ondulando su pollera y su cabello oscuro danzaba al ritmo de su collar. Tarareaba una melodía que nunca antes había oído, se movía más ligera, como si pudiera flotar y tintineando sus joyas al compás. Era eclipsante, determinante y desprejuiciada. Pero sobre todo, era ajena a lo que su presencia había provocado en un pobr
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


