Enrique Es curioso que todos hasta ahora me dijeran que debía aceptar a Edén en mi vida sin más opciones, pero me gustaron más las palabras de Alma al referirse a ella como mi camino y no mi destino, pues así podía sentirme menos comprometido sin abandonar a la pequeña. —¡Papá! ¡Papá! ¡Está nevando! —gritó Edén repentinamente corriendo a la cocina con César y Christian detrás—. ¿Podemos salir? ¡Por favor! ¡Por favor! —suplicó con sus graciosos brincos que copió César. —¿Por qué no? Así tendremos una nevada muy especial con grandes amigos y cuando regresemos, podrías hacerles el café de Joan. No sabía cuál idea había entusiasmado más a Edén, pero esta visita fue como una enorme chimenea en un helado invierno y quería aprovechar cada minuto que tuviésemos con ellos, así Joan, desde donde

