Casi dos horas después, y luego de que cada fármaco se hubiese agotado, la enfermera estaba retirando el catéter a Emily. —Oh, señorita Emily, ¿pasará ya a su habitación? — Astrid que recién llegaba se alegró al verla ponerse en pie. La chica no respondió al solo verla dar giros emocionada. —Fue todo por hoy, tu amiga puede irse al haber sido una muy buena paciente— dijo la madura enfermera, que antes de pasar a revisar al otro paciente, le guiñó un ojo a la niña. Emily se sujetó el estómago al sentir asco y comenzó a caminar despacio. —¿No prefiere esperar al joven Cedrick? – cuestiono la pequeña. —No, él salió a atender una llamada— Emily fue cortante y siguió caminando. Astrid la tomó de la mano y ella rodó los ojos, pero no se soltó. Apenas cruzaron la puerta, en la intersecci

