—Cedrick… —Suficiente— interrumpió secamente. —¿Suficiente? – —Sí, Aura, fue suficiente – —¿Así que vas a creer sólo lo que te da la regalada gana? ¿Crees que yo quería que…? – —¡Sí!— volvió a interrumpirla —Creo que estabas dolida. Y decidiste hacer lo peor para vengarte – Ella perdió el aliento —Eres un imbécil— soltó. ¿Cómo se atrevía? Ella la había pasado tan mal. —También es cierto— aceptó —. Pero entre los dos, ¡tú eres la peor! – Los labios femeninos temblaron y su visión se distorsionó por el llanto que sus ojos se negaban a soltar. —Yo fui un imbécil, me equivoqué una y otra vez. ¡Pero lo confesé! Desgraciadamente tarde— aceptó —. Pero tuve el coraje de decirlo, de verte a la cara y aceptar que soy una mierda. Tú, en cambio, me ocultaste un

