Horas más tarde, la fogata que Aura le preparó a su hijo para azar los malvaviscos que había comprado, estaba agotándose en medio del jardín trasero, Sasha y la cobriza seguían sentadas en los pequeños cojines a un costado de ésta. Sasha todavía jugaba a tostar uno de sus bombones mientras se aclaraba la garganta para abordar un tema más serio. Arriba, en la habitación, Edrick ya dormía acompañando a su abuela. —Y entonces, ¿piensas decirme ya? – cuestiono la castaña. Los ojos entre azulinos y verdosos de Aura brillaron al estar observando la fogata que poco a poco disminuía su tamaño, era más de media noche y luego de que Edrick se fuese a duchar y dormir, ellas permanecieron ahí. —No hay mucho qué decir, sólo lo que ya hice— respondió Aura con voz baja, pensativa.

