Tan egoísta como fue el

1229 Palabras

Horas más tarde, la fogata que Aura le preparó a su hijo para azar los malvaviscos que había comprado, estaba agotándose en medio del jardín trasero, Sasha y la cobriza seguían sentadas en los pequeños cojines a un costado de ésta.   Sasha todavía jugaba a tostar uno de sus bombones mientras se aclaraba la garganta para abordar un tema más serio.   Arriba, en la habitación, Edrick ya dormía acompañando a su abuela.   —Y entonces, ¿piensas decirme ya? – cuestiono la castaña.   Los ojos entre azulinos y verdosos de Aura brillaron al estar observando la fogata que poco a poco disminuía su tamaño, era más de media noche y luego de que Edrick se fuese a duchar y dormir, ellas permanecieron ahí.   —No hay mucho qué decir, sólo lo que ya hice— respondió Aura con voz baja, pensativa.  

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR