Corin estaba exhausta, sus piernas temblaban sin control, su frente estaba cubierta de sudor y se sentía algo mareada, sin embargo nada de eso le importaba porque por abrazar y besar a su hijo valía la pena hacer cualquier sacrificio. Entonces pensó que soportar el malestar que ahora sentía su cuerpo era algo insignificante comparado en el estado en que se encontraba su pequeño y la emoción la embargo, su niño, su bebé estaba mal herido y todo por culpa de un demente que decía no ser su padre. De repente todo comenzó a girar a su alrededor, sin embargo ella no dijo nada, seguía firme sentada en la silla de ruedas, aunque por momentos sentía que se iba a desvanecer. Alexia caminaba por el corredor a paso lento empujando la silla ignorando por completo el estado de su madre, sin embargo la

