Después de tener nuestros cuerpos juntos, Dylan cayó dormido y yo estaba a su lado acariciándolo. Un ángel. Eso parece en estos momentos. Suspiré. Así cualquiera diría que es el hombre perfecto, pero no, tiene el más horrible defecto ser posesivo. Lo miré y no pude evitar darle un beso en la mejilla, poseía un olor embriagante, bastaba respirar un poco cerca de su cuello para volverme más adicta a él. Acomode las sábanas para acostarme a dormir, cuando de pronto sonó el teléfono. ¿Quién diablos es a esta hora? Dios, son las tres de la mañana. Estire mi mano derecha hacia la mesita de noche, agarre mi teléfono y no era. Me levanto y veo que es el de Dylan, seguramente es la chica que estuvo horas después con él aquél día que me dejo sola en Dollas, después de haberme follado. Perra. Le d

