La cicatriz de Thomas —Pórtense bien mis niños —Hablo la mujer con lágrimas en los ojos. —Adiós mami —Hablaron los chiquillos al unisonó. —Los acompañare a sus habitaciones —Dijo una monja. La señora Badia se despidió con un gesto de la mano y se dio la vuelta caminando a la salida. Thomas vio a su madre marcharse, era muy pequeño para entender lo que pasaba, se sentía rechazado por su propia madre sin saber que había sido obligada a dejarlos ¡Claro! en ese tiempo una madre soltera era mal visto por la sociedad, no tenía opción. El rubio tomo a su pequeño hermano de la mano y caminaron siguieron a la señora de avanzada edad y a un guardia que los custodiaba. Cruzaron varios pasillos, miro por algunas aulas y vio algunas caras tristes y otros cuantos niños con marcas en sus caras, p

