Capítulo 49. El destino se esfuerza en reafirmar lo que tenía previsto

1696 Palabras

La penumbra de la habitación parecía empeorar la atmósfera entre los dos hombres. Ronaldo, demacrado y con un leve temblor en la mano, descansaba en un sillón de cuero oscuro. El respirador, que colgaba a un lado de su rostro, parecía un recordatorio implacable de su fragilidad, una debilidad que él mismo odiaba admitir. Pero, en cuanto Roberto habló, el anciano arrancó el respirador de su boca, y el siseo de su respiración entrecortada llenó el silencio. —¿Qué quieres decir con que Marilia escapó? —siseó Ronaldo que ya se había puesto furioso por el retraso y la insistencia de su sobrino a llevarlo aparte. Su mirada atravesó a Roberto con una mezcla de rabia y desdén—. No me digas que mi hija se ha salido con la suya y no la has podido contener...—bufó. Roberto, que mantenía su compostu

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