POV Ximena Habíamos firmado el contrato. Esa firma, tan cargada de promesas y advertencias, era el último eslabón que sellaba un compromiso que, aunque lleno de incertidumbres, nos obligaba a avanzar. Yo, aún sentía el peso de las palabras de Pauline resonando en mi mente, recordándome que no podía permitirme confiar ciegamente en Roberto, a pesar de sus aparentes muestras de afecto. Ahora, en la limusina privada que nos llevaba al aeropuerto, el ambiente parecía impregnado de una tensión silenciosa, donde el lujo y la opulencia se mezclaban con mi ansiedad. El interior del vehículo era impecable: asientos de cuero, luces tenues y una suave melodía instrumental que apenas lograba competir con el murmullo de mis pensamientos. Roberto, sentado en el asiento frente al nuestro, estaba allí

