Escuché pasos, luego escuché voces pero aunque lo intenté, mis ojos no se podían abrir. El cansancio no me lo permitía, no eran solo los párpados los que me pesaban, sino que todo mi cuerpo. Esto claro porque habían pasado apenas unos pocos minutos desde que por fin había podido dormir después de lo sucedido el sábado. Mis noches habían dado un giro de 360 grados desde la información y lo sucedido con Hillary. No había podido conciliar el sueño en más de 48 horas y definitivamente no era mi mejor momento. - Un momento más. -pedí cerrando con fuerza los ojos y me cubrí con las sábanas lo mejor que pude. No tenía ni fuerza de voluntad ni energías para poder levantarme pero de pronto un grito me sacó de la cama. - ¡Karine! ¡¿Qué haces todavía en la cama?! - la voz de mi madre llegó como

