Maximiliano tomo con sus manos el rostro de Sofía y deposito en ella un beso que fue abriendo paso para devorarla, su lengua se adentró en su boca, el roce de sus lenguas provoco en ellos una oleada de deseo que se apoderaba de sus cuerpos, el calor aumento de golpe y comenzaron a perder la cordura. Poco a poco las manos de Maximiliano recorrieron los sedosos muslos de Sofia trazando un camino hacia su perdición. Su tacto le electrizaba la piel y provocaba que ella ardiera en deseo, Maximiliano que hasta ahora la tocaba con delicadeza comenzó a ser más posesivo dejando salir a la vestía que yace en su interior. Mientras Maximiliano recorría con sus manos a su presa que estaba justo bajo su dominante cuerpo impidiendo que ella pudiera emprender su huida, sentía su creciente erección deja

