Al entrar en la tienda no vieron a nadie, pero sintieron un fuerte olor a incencio y algunas hierbas que ninguna de las dos pudo precisar. – Hooola –llamó Lorena en voz alta tratando de ver si algún encargado aparecía. Ambas chicas entraron de manera cautelosa al sitio y se mantuvieron observando todo a su alrededor en espera de que alguien las atendiera. El local era bastante oscuro. Quizás para darle una mayor sensación de misterio. Había estantes por todos lados llenos de hierbas y sustancias extrañas, también habían frascos con lo que suponían eran partes de animales. Ojos, lenguas y demás cosas que les parecieron repugnantes y terroríficas. Steph vio una cortina que se movía con la brisa que entraba, aunque no sabía de dónde. El lugar era cerrado, pero aun así, los objetos

