Bea completamente agotada se sacó la camiseta de la boca y suspiro, no sé podía creer lo que acababa de vivir, su concepto de un buen polvo había cambiado para siempre, jamás se había corrido más de dos veces y está vez era incapaz de saber cuantos orgasmos había tenido, se sentía flotar, le temblaba todo el cuerpo y creía que era incapaz de moverse, casi le extrañaba no haber perdido el conocimiento, su primo la había dejado satisfecha como nunca. José, después de tomarse un poco de tiempo para recuperarse, se subió los pantalones. JOSÉ- Venga, Bea, vamos, que nos van a pillar. La ayudó a incorporarse y a ponerse la camiseta, ya estaba llena de saliva pero cuando se la puso, se empapó también con el semen que tenía sobre las tetas, haciendo que transparentase todavía más sus pechos. Lu

