- Lo peor fue al ponerme de cuclillas para introducir el romero en el hoyo que acabamos de prepararle, era imposible realizar esa operación sin abrir las piernas e inevitablemente expuse mi ropa interior a sus ojos. Mi jardinero ya lucia un buen bulto en el pantalón, pero cuando contempló mis braguitas blancas, semitransparentes, con encajes, le creció muchísimo más. No pude evitar quedarme mirando su erección, a los pocos instantes él posó su curtida mano sobre mi rodilla y no tuve fuerzas para apartársela, fue acariciando mi muslo mientras poco a poco se iba acercando más hacia mi entrepierna. Yo seguía con la vista clavada en su m*****o, no paraba de palpitar y me sentía inexorablemente atraída por él. Siguió acariciando mis muslos y subiendo la mano poco a poco al tiempo que iba aparta

