Era madrugada cuando él volvió Rayra estaba desnuda aún y despierta, muy despierta. —Hola… Él sacó la cobija. —Acuéstate conmigo, Rudá. —Necesito tomar una ducha. Fue intenso en el campo. Abre las piernas. Estaba oscuro, una pequeña rendija de la ventana dejaba poca claridad de la luna, pero aún así, él fue capaz de ver su belleza. Rudá se arrodilló y besó su v****a. —Me voy a correr aquí mismo, pronto. —Rudá, esto no es justo. —Necesito ducharme, acabo de llegar del campo, princesa. Ella gimió de excitación, podía estar mal, pero se sentía caliente. Él se rió al escuchar sus gemidos. Ella se sentó en la hamaca y él besó y lamió los dedos húmedos del orgasmo femenino, lamió todo hasta que Rayra casi suplicaba por alivio una vez más. —Esto es malvado, Rudá. —No sabes lo mal q

