31. Desorden

665 Palabras

Henry se sentó al lado de ella en el sofá. —No eres estúpida. Solo eres diferente. Y no puedes golpearme en la rodilla, duele, Phoebe. —Murilo me enseñó. —Murilo. Siempre Murilo. Tenía ganas de matar a Murilo, y colgar su estómago en la cuerda de tender. Podría estrenar su nueva Katana con la almohadilla de Murilo. (...) Pronto llegaron las chicas. Nina, la madre de Henry bajó y tomó a Phoebe de su mano. —¡Mamá! —Henry protestó —Necesito hablar con mi nuera, y tú aún no te has casado, así que compórtate. —Ven, mi amor, vamos a hablar. Nina llamó a su futura nuera. Phoebe siguió a Nina hasta la sala de descanso de Helena. Phoebe empezó a llorar. —OH, chica. —Estoy asustada, señora Nina. —No me llames señora. ¿Quieres llamarme tía? —Sí. —¿Qué hizo Henry? —Yo... Nina la l

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