8. Confesión

755 Palabras
Rudá entró en el antiguo apartamento de Russo, Russo era su compañero en las ejecuciones. Hoy, además de Russo, había un soldado novato, Xavier lo consideraba débil y lo hizo acompañar a los ejecutores, el chico vomitó una o dos veces. Antes de encender la luz, Rudá supo que tenía compañía, saludó a quien estaba de pie, pero reconoció el olor. —Rayra Ella tosió —Princesa. Lo siento. ¿Cómo entraste? —Le pedí una copia de la llave a Mel. Encendió la luz. —No, Rayra. Demasiado tarde. Estaba cubierto de sangre, el pelo despeinado. —No quiero que me veas así... —Sé lo que haces... Y ahora, ella también tenía manchas rojas en la camisa blanca que llevaba puesta. —Te esperaré... La ducha no tenía pestillo, dudó. —No voy a entrar ahí, Rudá. —Espérame en casa. —Está oscuro afuera... Dejó la mochila en el suelo. —Si vuelves así a casa, mamá te va a regañar. —Prefiero enfrentar a tía Helena. —Lo sé, Rudá. —Gírate, Rayra. —Oh, no Rudá... Yo... —Gírate. Aún no... Ella se sentó en la cama y le dio la espalda, comenzó a desvestirse. —¡Rayra! —Mi blusa está manchada de sangre. —Ponte la mía de la mochila. No toques las armas. Dejó que la camisa se deslizara, y Rudá fue obsequiado con la visión de su espalda desnuda, se quedó observando. —Rayra... —¿Quieres que me gire? Te dejo ver mis senos. Él corrió al baño, abrió la ducha fría sin siquiera desvestirse. Usó el jabón en barra que tenía allí en su ropa y cabello, si se hubiera desvestido Rayra habría visto... Ni siquiera sintió el agua fría, en su mente solo estaban las delicadas y desnudas espaldas. Salió del baño descalzo, pero completamente vestido. —Te vas a enfermar. —Me cambio de ropa en casa, vamos. Rayra salió con él, se encontraron con Estefano en la puerta de casa. —Rudá... —Tío. —¿Qué has hecho, mocosa? —¿Por qué todos me culpan, papá? —Porque te conozco. Ve a tomar una ducha caliente, Rudá. Y no puedes dormir en la hamaca esta noche. —¡Papá! Pero Rudá compró una hamaca para mí, iba a dormir con él. —Ya no vas a dormir más con él, Rayra. En tu cuarto. Rudá había entrado. Estefano vio las lágrimas aparecer en el rostro de Rayra. Recordó cuando ella era solo una niña, y la regañaba, siempre se retractaba cuando ella lloraba. Fueron a la sala. —¿Él dijo que lo estoy molestando, papá? —Oh, monstruita no. Rudá te ama. —A veces no lo creo. Siempre está huyendo. No quiero ser una de esas mujeres que persiguen a un hombre que no la quiere. Estefano la abrazó. —Sabes que no soy bueno con las palabras, pero te conozco y conozco a Rudá, él te ama. Solo está juntando los pedazos... No es falta de amor. Duerme, mi monstruita. Ella apoyó la cabeza en el hombro de su padre, durmió con el subjefe a quien todos temían acariciándole el cabello. Su padre la acostó en su cama y la cubrió. En los próximos días, Rayra le daba tiempo a Rudá para que se acostumbrara a su presencia, a su presencia como mujer. Una semana después, él estaba fuera y ella decidió esperar. Ya estaban dando pasos, él ya no cerraba la puerta con llave, pero solo entraba cuando ella salía de su dormitorio. Ella lo esperaba en la cama. El ejecutor se detuvo en la puerta cuando la vio. —Esta vez no voy a salir, Rudá. —Lo sé. —Te dejé pensar durante una semana. Dijiste que en nuestro mundo no hay citas. —No las hay, princesa. Solo compromisos y casamientos. Henry y Phoebe, los primos, se casaban el próximo mes. Y Rayra sería madrina de la boda de su primo junto con Rudá. Por Henry, él ya se había casado, pero Phoebe pidió dos meses más para quedarse en casa. Rudá se obligó a entrar en la habitación. Rayra se levantó y cerró la puerta. —¿Nos vamos a casar, Rudá? —Yo... —¿Nos vamos a casar, Rudá? Silencio. Ella agarró el libro que estaba leyendo y se preparó para salir. No se rendía fácilmente, pero tampoco se arrastraría a sus pies, ya era suficiente. —Ya estamos casados... Fue un susurro ronco... Pero ella escuchó. Ella escuchó.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR