Rudá tenía a Rayra sentada en el regazo en la plaza. —Siéntate en el banco, Rayra. —¿Por qué? —Porque la tía va a pasar por aquí. —Rudá.. —Respeto, Rayra. Ella se bajó, pero tenía algo que contar, era mejor empezar a prepararlo: —Domini quiere llevar a Aruana a pasar algunos días en Brasil. —Princesa. Allí no puedo protegerla. —Ella estará segura. —No va a estar, se queda aquí en el condominio. —No puedes retenerla, Rudá. Ella es mayor y pronto se va a casar. —¿Y si algo sucede? —No pasará. Ella ha estado atrapada todo este tiempo, no conoce nada, no se ha divertido, no puedes hacerle otra jaula, aunque sea dorada. Él cerró los ojos. Los abrió cuando apareció la tía. —Tía… Helena se sentó y Rudá salió del banco para sentarse a los pies de la tía. —¿Cuál es el problema? —

