—¿Cómo salió todo?. Pregunto por teléfono. —Todo en orden –contestó un hombre—. Fuimos de compras y nos cargamos el paquete. —Perfecto. Veámonos entonces, para lo acordado. Cortó la llamada y miró al frente, con la mirada fija y perdida. Con Mariana y Carlos fuera de juego, las leyes se verían obligadas a buscar al heredero más inmediato y éste era él, no había más opción. No tenía idea de lo que decía el testamento con respecto a la posible muerte de ambos, pero entonces él contrataría a los mejores abogados y ganaría el pleito. Era mucho dinero en juego, era una fortuna completa que no debía, de ningún modo, estar en manos de ese muerto de hambre. Era una ofensa para su existencia. Además, con este paso que hoy por fin se había atrevido a dar, podría hacerse con el control de las

