Veinte

1029 Palabras
(Alicia) Llegar a Ciudad Épsilon no fue para nada lo que me imaginé. Podías sentir su modernidad recorriendo los espectaculares edificios y rascacielos, un ambiente de rapidez, las personas inmersas en sus propios asuntos; ese aire citadino que me recordó Ciudad Ókmicron... Fred... Y sentí como parecía un parpadeo los últimos 5 años de mi vida. Había vivido tanto, acumulando muchas nuevas experiencias, que tener frente a mí un nuevo camino me subió el ánimo, y me hizo cuestionarme cómo terminaría toda la travesía. Llegué a un edificio alto, aunque a decir verdad, todos competían por cuál era más alto que el otro. Me presenté en la recepción, me dieron un pase que decía “Visitante” y, me indicaron el piso al que debía ir. -¡Oye, tú! ¡No puedes andar deambulando por aquí! -Un rubio avanzaba a toda velocidad en mí dirección. -¡Lo siento! Estoy buscando a Rita Iruegas – dije apenada porque me había perdido. Pero no podían culparme, me sacaron a empujones del elevador, aun en contra de mi voluntad, había demasiada agresividad, y después no había una recepción o alguien que diera informes. Entrecerró los ojos, mirándome de arriba a abajo con duda, y después de algunos segundos de silencio al fin habló. -Estás en el piso equivocado, Iruegas está en el 16 y este es el 12 – bueno, eso lo explicaba todo. -¡Oh! Si tan solo una alma caritativa me guiara hacia el camino de la verdad – traté de sonar lo más angelical que pude, poniendo mi manos juntas, sin apartar mi mirada de súplica del rubio; quien cayó en mis encantos, porque se carcajeó de mi comentario. -Ven, yo te llevo – dijo haciendo un movimiento con su cabeza en señal de que lo siguiera. –Así que estarás en Redacción Creativa – aseveró. -Así es – entramos de nuevo al elevador. –Soy Alicia Lahiri, mucho gusto – la caja metálica venía a reventar de nuevo, por lo que no pudimos estrecharnos la mano, y con suerte escuché su nombre. - Terry Franklyn. – Fuimos compatibles de inmediato, casi podría decir que fue “amor a primera vista” en el ámbito de la amistad, y no porque no pudiera enamorarme del chico, era amable, divertido y guapo; pero era homosexual. A partir de aquel día nos hicimos inseparables, comíamos juntos y terminamos viviendo en el mismo complejo de departamentos. No tardé en descubrir que ese rubio, de ojos azules, delgado de 1.70, con 27 años era un diamante en bruto. Había estudiado lo mismo que yo, Licenciado en Publicidad y Relaciones Publicas. Tenía trabajando para el periódico 3 años y lo tenían de “comodín”, se la pasaba de un departamento a otro, cubriendo incapacidades, faltas y lo que fuera necesario, por lo que sabía cómo funcionaba todo en el periódico a detalle. -Terry, tengo una idea loca – estábamos en su departamento, sentados en el sillón frente a la televisión, en lo que se había convertido en los lunes de películas. -¡Ay! ¡No! La última vez creyeron que te estabas robando una botella de vodka. ¡Qué vergüenza! – Estallé en carcajadas. –¡No sé de qué te ríes! –Estaba indignado. -¡Pero no llamaron a la policía! ¡Lo pude aclarar en el momento! –Me defendí entre risas, mientras él solo negaba. -Bueno, ya dime – dijo aún serio, por lo que yo me puse seria también. -He estado observando algunos pequeños negocios que están cerca del periódico, y que creo que podrían tener mayor clientela si tuvieran una buena campaña publicitaria – achicó los ojos, escudriñando mis palabras. –Pensé en que nosotros podríamos ofrecerles esa campaña, además de manejar sus redes sociaIes. – -¿No tienes suficiente carga de trabajo en el periódico, sino que quieres más? –Preguntó con burla. -La idea es que ya no trabajemos en el periódico – apreté mis labios, como si acabara de decir una blasfemia, y Terry abrió los ojos sorprendido. -Es cierto, es una idea loca, muy loca – suspiró profundamente y tomó su mentón pensativo. Yo decidí esperar su respuesta comiendo palomitas, sin perder de vista sus reacciones. -¡Está bien! Vayamos a proponérselos, y si al menos 4 están interesados, nos salimos del periódico – brinqué sobre él. -¡Sí!! –Gritaba sobre él, no pude contener mi emoción. -¡Ay! ¡Ya! ¡Vas a tirar todas las palomitas! –Dijo con una sonrisa en su boca, tratando de fingir molestia. En los alrededores del periódico había locales de comida, café, panaderías, tintorerías, librerías, que se veían opacadas por grandes cadenas; por lo que cuando nos dimos a la tarea de acercarnos con ideas para aumentar sus ganancias, nos escucharon a la primera. Nuestra sorpresa fue, que alrededor de 6 diferentes negocios estuvieron interesados, y así fue que comenzamos manejando nuestra propia agencia publicitaria. Fue cuestión de meses para crecer lo suficiente, que necesitáramos rentar una oficina pequeña. Después fue Terry quien se atrevió a más. -¡Ali! ¡No me lo vas a creer!! –Llegó corriendo, sacándome de mi lugar, levantándome en un abrazo de emoción. -¡Dime! ¡Y bájame! –Le exigí incómoda por la posición en la que me tenía. Me bajó y tomó mis mejillas entre sus manos. -LA&TF Publicity se hará cargo de la campaña publicitaria de… - hizo una pausa, para causar cierto suspenso. - ¡La gira de la Banda Omega! –Gritó con entusiasmo. -¡No! –Me emocioné con él, era algo totalmente diferente a lo que acostumbrábamos hacer; y aunque sabía que Terry era fanático de la banda, porque escuchaba música de ellos, yo no tenía la menor idea de quiénes eran. Eso nos llevó por terrenos inhóspitos, pero que pudimos atravesar avante y victoriosos; además que nos permitió crecer, en conocimientos, proyectos y económicamente. Pronto nuestra agencia alcanzó el título de productores de eventos, lo que llevó a la diseñadora local Valentina L’Amour, que estaba ganando popularidad y prestigio, a contratarnos para el lanzamiento de su colección Otoño-Invierno.
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