Una rabia inmensa se había apoderado de mí mientras atravesaba todos esos pasillos, cubículos, puertas, y el ascensor hasta terminar dando a la oficina principal. Únicamente podía pensar en una cosa, y solo una cosa. Escupir toda mi ira en el rostro de ese anciano misógino de Rodrigo De Aza quién se había atrevido al osado acto de retarme por última vez. Al despedir a Madison sin si quiera consultarme, Rodrigo estaba sobrepasando las barreras del irrespeto hacia mí. Ya me encontraba harta de que pretendiera ser el dueño mayoritario de las empresas AFRODITE. Eso terminó hace mucho, sin embargo este viejo terco se negaba a entenderlo, pero si no lo pudo captar por las buenas, ya iba siendo hora que se lo explicara en un lenguaje más claro, y explícito. De alguna u otra manera él debía compre

