Esa noche en la residencia de Andrés Ferraresi, el gerente general veía como su esposa regresaba completamente exhausta luego de un día bastante largo en la oficina. Lo que más deseaba era quitarse esos molestos tacones para descansar los pies mientras se arrojaba sobre el mueble de la sala. Andrés solamente la veía llegar esperando con gran expectación cualquier signo de molestia, ya que él temía que Britany de algún modo se hubiera enterado del enorme ridículo que hizo por culpa de Madison. Sin embargo no tardó nada en darse cuenta que su esposa se encontraba enteramente normal con él, y que su miedo no tenía ningún sentido. Pensó que su suerte era infinita, lograr mantener engañada a su mujer podría salvar su matrimonio. Lo que Andrés ni siquiera se imaginaba era que la misma Britany St

