Durante mucho tiempo había escondido éste enorme secreto que estaba a punto de revelar ante esas mujeres que se terminaron transformando en mi familia. Era la primera vez en todos estos años que alguien miraba ese tatuaje en mi espalda. Desde aquél nefasto día cuando Andrés Ferraresi decidió burlarse de mí haciéndome creer que si accedía a tatuarme las letras F,E, y A, en mi piel, él aceptaría ser mi novio. Desde entonces nunca dejé que nadie me observara sin camisa. Ni siquiera mi madre, primas, o mis mejores amigas. Nunca más asistí a una fiesta en piscina, mucho menos a la playa. La vida me cambió rotundamente luego de hacerme esta horrenda cosa en mi espalda. Nunca pude perder mi virginidad por miedo a que cualquier hombre se pudiera reír de mi al leer la palabra fea en mi cuerpo. Así

