Vasili Mantengo mi habitación cálida, ya que rara vez se le permitirá vestirse, y sin embargo ella tiembla. La sostengo contra mi pecho. Tan suave. Tan dulce. Tan inocente y sin mancha. Tan perfecta. Seré dueño de todo lo que pertenece a Elena. Su placer no será una excepción. Cada espasmo de placer que arranque de su cuerpo será mío y solo mío. Mi m*****o se endurece bajo sus nalgas castigadas cuando la sostengo contra mi pecho, acunada en mi regazo. Esta noche le presenté un susurro y una promesa de lo que vendrá. Mi rueda de Wartenberg estimuló sensaciones en su piel. El pequeño tapón que llevaba le recordó que debe obedecer. La breve nalgada le recordó lo que sucede si no obedece. La recompensaré con el clímax que se ha ganado, un final adecuado para nuestra sesión, para mostrarle

