IV Esta no soy yo

2061 Palabras
Doy varios pasos hacia atrás para volver a mi casa pero Nero me ha leído el pensamiento porque me agarra del brazo y me acerca a él, besándome en la mejilla. - Buona Serata, estas linda con ropa tan casual. ¿Quieres ir a algún sitio en especial? - “Genial, no se me va a pasar el sonrojo si sigue diciendo cosas como esa”. Niego con la cabeza. –Bueno, entonces tengo planes para nosotros. – Tira más fuerte de mí y me ayuda a sentar en la parte de atrás del gran coche. El conductor es un chico que parece muy joven, me lo presentan como Enzo y en el asiento del copiloto está Andrea, que me mira de reojo. –Entonces, ¿no te gusta el coche? - Nero me lanza una mirada con media sonrisa. – No he dicho eso, solo es que es muy llamativo para mi barrio. Ni los camellos que se pasean por aquí tienen estos cochazos. - Andrea y Enzo rien, pero Nero me mira subiendo una ceja, al estilo que lo hace Bea y me dice sonriendo. – ¿Me estas comparando con un simple camello de extrarradio? - En este momento solo me sale mirarle a los ojos con toda la inocencia del mundo para que vea que no lo dije de mala fé.- Vaya, parece que me ha salido un poco manipuladora la españolita.- Me sorprendo de esa acusación, “nunca nadie me había dicho que era tal cosa, no creo que lo sea. ¿o sí?”. - Enzo, vamos a Bel Mondo, por favor, seguro que la señorita manipuladora no ha probado la verdadera comida italiana. – Cuarenta minutos después, tras meternos en todos los atascos de la capital, el coche para en una calle ancha, de doble sentido. Me cuesta ver dónde vamos porque la entrada del restaurante es pequeña, cubierta por ramas de enredaderas y con grandes macetas de flores en el suelo de la entrada. Nero baja del coche y le sigo, Andrea baja con nosotros y Nero se vuelve a decirle algo en voz baja, Andrea a su vez mete la cabeza por la ventanilla del coche mientras nosotros nos adentramos en el pequeño restaurante. En verdad, el restaurante no es tan pequeño una vez dentro, tiene una segunda planta y es muy acogedor. Al entrar, los camareros del mismo saludan a Nero en italiano, debe venir mucho por aquí pues lo tratan con familiaridad y respeto. Nos llevan a una mesa alejada de la puerta, y veo entrar a Andrea, se queda solo, en una mesa cercana a la calle. Es increíble que nos atiendan tan rápido, el sitio está hasta los botes y apenas pasan diez minutos desde que pedimos hasta que llegan con los entrantes. Es una cena tranquila y la comida es una pasada, me jode reconocerlo, pero no tiene nada que ver con otras comidas italianas que he probado. Es agradable charlar con Nero, le he perdido el miedo que me causaba cuando me cuenta que nació en Roma y ha viajado bastante, pero no por placer. Me cuenta que Andrea es el tío de su madre, que ella era hija única y que lo tuvo muy joven. Me habló de una chica alemana que conoció en su instituto de Holanda, que se habían enamorado pero que no salió bien. Por mi parte, yo le resumí mi vida, que nunca me había querido nadie y que no estaba segura si estaba enamorada, hablándole por primera vez a alguien de Raul. Casi eran las once cuando me propuso irnos. - ¿Te gustan los bolos? – “que pregunta más extraña, no le pega jugar a los bolos”. – Hace siglos que no juego, no se me da muy bien. - espero que no tenga que ponerme unos zapatones horribles de hombre, con mi pedazo de pie. Se pone en pie y me toma de la muñeca, parece tener la idea de que soy una mujer manipulable o que necesita ayuda. Intento zafarme de su agarre mientras me levanta, lo que hace que su mano pase de mi muñeca a mi cintura. Le miro interrogando, pero solo me da un leve empujón indicando que salga. Se nos adelanta Andrea, que ya en la calle le da unas llaves. - Bueno, espero que con este estés más cómoda. – La luces de un BMW n***o con las ruedas muy grandes se enciende delante de nosotros. –Monta, vamos al centro comercial a jugar a los bolos. – Abre la puerta del copiloto y monto allí, él va a conducir. Veo a Andrea montar en el lado del copiloto del todoterreno en el que llegamos, y antes de que me cuenta Nero me ha abrochado el cinturón de seguridad y conduce a toda velocidad saliendo de la ciudad. Llegamos a un centro comercial que no conozco y aparcamos en una planta donde apenas hay coches. Al parar el coche respiro profundamente, no he podido hablar en todo el trayecto por que estaba conteniendo la respiración debido a la velocidad a la que íbamos. Es un alivio bajar del coche. Nero vuelve a cogerme de la mano y sonríe. –Vamos, hora de divertirse. - nos encaminamos hacia una de las puertas cuando vemos llegar el todoterreno, del que baja Andrea, para continuar la marcha. Andrea nos sigue dentro del centro comercial. Miro los lujosos escaparates de las tiendas de grandes marcas, soy pez fuera del agua. Nero se da cuenta que miro vestidos de noche. - ¿Te gustan? - No puedo decir que si, ni que no, nunca me he puesto un vestido así, no se siquiera si sabría llevarlo. A Nero parece que le hace gracia mi incertidumbre. - ¿Cómo puedes mantenerte tan inocente? - Parece que se ríe de mí, pero no me lo voy a tomar a mal, al fin y al cabo, aún creo que la gente es buena por naturaleza. Llegando a la entrada de la bolera nos recibe un hombre con una camiseta de la misma. Nero le dice que me dé una pista para jugar y una adolescente con la misma camiseta de la bolera, que lleva el hombre me acompaña a mi zona de juego, dejándome sola, junto a una bebida que van rellenando según me la voy acabando. Veo a Nero y Andrea hablar con el hombre de la camiseta durante largo rato. Puede ver de reojo mientras lanzo la bola que Nero mira de vez en cuando hacía donde estoy, incluso le veo sonreír cuando hago el único pleno. Andrea pasa su mirada de él a mi y parece incomodo, no se sí por mí o por la situación. Poco a poco se va despejando la bolera hasta que me quedo sola jugando. Estoy cansada y aburrida, así que me siento, no me apetece jugar más. Unos hombres se sientan justo detrás de mí, siento que algo no está bien porque está toda la bolera libre y ellos han decidido sentarse justo detrás de mi calle. Busco a Nero y a Andrea con la mirada, ellos también tienen hombres detrás, están hablando con ellos, cuando de repente se enzarzan en una pelea. Me levanto a toda prisa y noto como una mano abrasa la piel de mi cara tirándome al suelo mientras una voz masculina gruñe “puta”. Me cubro con mis brazos mi cabeza cuando ya estoy en el suelo y noto que me agarran fuerte de los brazos y me ponen de pie. Libero mi vista para ver a Nero y Andrea golpear a los hombres que me han golpeado a mí. Andrea parece que no tiene nada, Nero lleva la peor parte. - Sácalo de aquí- me ordena Andrea y me acerco a Nero para que se apoye en mí- ¡Vamos, iros ya! - apoyando en mi salimos al pasillo del centro comercial y vamos lo más rápido que podemos al aparcamiento. - Lo siento, no imaginé que correrías peligro. – Parece sincero, pero me estoy cabreando al darme cuenta que Bea tenía razón, tenía temas jodidos entre manos. – Te llevaré a casa. – - Ni de puta coña vas a conducir en tu estado, yo llevaré el coche. – - Estoy bien, yo te llevo. - Saca las llaves del bolsillo, pero no me las da. - ¡Dame las putas llaves del coche! - grito a un Nero que camina cojeando, agarrando su costado, tiene manchas de sangre es su camisa y en sus manos, y su cara está magullada. “¿Qué coño ha pasado?”. Sigue sin soltar las llaves dudando en dármelas, así que se las arrebató de las manos y me vuelvo a poner a su lado para ayudarle a caminar más rápido. –Que tenga una mierdecilla de coche no quiere decir que no sepa conducir- parece que con mi alegato entra en razón, se apoya en mí y vamos hasta el BMW que nos trajo hasta aqui. Le ayudo a subir al asiento del copiloto y saca su móvil. Mientras yo he rodeado el coche para ir a la posición del conductor, él ya ha establecido la llama y habla con alguien en italiano, lo hace tan rápido que no puedo pillar nada de lo que dice. Me preparo y arranco,” esto es como el Titanic en comparación con la pequeña barquita que es mi cochecito rojo, ¿Cómo lo voy a conducir?”, por el retrovisor veo los tíos que nos rodearon a la salida del centro comercial. –Vamos gatita, demuestra que sabes conducir- Nero reta, así que, allá vamos, quieto el freno de mano, piso el embrague metiendo primera, piso el acelerador mientras giro el volante y salimos chillando rueda del aparcamiento. La verdad que no era mi intención hacerlo, no quería llamar la atención de esos tíos, pero no controlo este barco. - ¿Conoces las cocheras del metro? - me dice Nero mirándome fijamente. –Nunca he ido, pero se dónde están. ¿vamos allí? – Me responde afirmando con la cabeza. Miro por el retrovisor y veo un par de coche demasiado cerca, me parece que son los tipos del centro comercial, así que comienzo a conducir de forma más agresiva, pasando semáforos en ámbar, abriéndome en los giros y torciendo en calles pequeñas de forma brusca. Nero me mira y creo que está un poco asustado. Pero yo me siento genial, tanto que pongo la música del coche. Nero acaba de ponerse ojiplático y se nota una media sonrisa en su cara. En diez minutos he perdido de vista a nuestros perseguidores y doy un par de vueltas más antes de salir de la ciudad para dirigirme a las cocheras del metro. “He disfrutado conducir como una posesa por la ciudad. ¿Qué coño me pasa? De normal soy bastante tranquila, no me gusta hacer cosas malas, ni pasarme de la raya, pero esto, ha sido genial. Lo confieso. ¿Será por estar al lado de Nero? Da igual, yo no soy esta. Esto no está bien.” –No te acerques a la puerta, antes de llegar al muro de las cocheras hay un camino, tómalo y sigue hasta que te diga- Nero me saca de mis propios pensamientos. Sigo sus instrucciones y sigo por un camino de asfalto que sube un poco más de lo que ya hemos subido. – Gira a la derecha y apártate del camino. - Lo hago, llego a un sendero de tierra, paro y él pone el freno de mano. Coge mi mano del volante y me da un apretón. Con mi mano tomada se recuesta sobre le asiento, apoya la cabeza en el reposacabezas, y apoya nuestras manos en su pierna. Mi corazón late a mil por hora y no me había dado ni cuenta. – Vamos a esperar a mis hombres aquí, puede que tarden un poco. – Apago el contacto del coche y también me recuesto en el asiento del conductor, miro su cara magullada y según mi ritmo cardiaco desacelera me entran ganas de llorar, pero no puedo permitirme hacerlo. “Yo no lloro, y menos delante de Nero”. Parece que el lee mis pensamientos y frota mi mano con la suya. - ¿Asustada? -
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