Narra Matheus. Despierto por el constante ruido del timbre. Parpadeo y veo a Babe a mi lado, abrazándome y con su pierna entrelazada con la mía. Recuerdo todo lo que pasó ayer y lo mucho que me cuestioné durante la tarde, para igual terminar complaciéndola en la madrugada. No fue correcto, lo sé, no debí ceder, no debí tocarla, no debí meterme en su casa, no debí abrazarla, no debí dejar que me tocara, no debí follarla. Pero juro por Dios que aunque sé que no debí haber hecho nada, disfruté cada minuto que duró. Aunque no es correcto, disfruté tenerla así, aceptando mis embestidas, tocandose para mí, corriéndose sobre mi polla y tragandose mi leche como una buena niña. Estoy enfermo. Salgo de la cama, moviéndola un poco para no despertarla, pero al ver la hora en mi reloj de muñeca, n

