—¡Babe! —gritan las chicas, asustandome. Doy un salto sobre mi puesto y parpadeo, enfocándolas. —¿Qué pasó? —pregunto. Noto que estamos en el baño del café, pero no sé nis iquiera en qué momento entramos o qué hora es, porque para que estemos las tres aquí dentro quiere decir que ya llegó la mamá de Paula para reemplazarnos, por lo que ya es hora de volver a casa. No quiero volver a casa todavía. Las dos giran los ojos, viendome mal. —Tenemos cinco minutos llamándote y no reaccionas. ¿Qué pasa contigo hoy? —pregunta Paula de mala gana. Cojo aire con fuerza. —Lo siento, estoy distraída. —Eso ya lo sabemos. Queremos saber es porqué —insiste Fernanda. Juego con la saliva dentro de mi boca. —¿Creen que si madre no hubiera muerto, seguiría con Matheus? —suelto lo que no me deja tranquila

