Anabela escuchaba a Arthur avergonzada. Después de la cena, él se sentó junto a ella en una parte solitaria del patio para conversar sobre su comportamiento de la mañana. —Lo sé y estoy muy apenada. —Ella miró las estrellas, sonrojada—. Les pediré perdón antes de partir, lo prometo. —Bien, preciosa. —Él la abrazó—. Pero me preocupas, ¿acaso te interesa Samuel? Ella suspiró y mordió su labio inferior. —No lo sé... Cuando Iván me dejó, él se me acercó y fue muy lindo. Luego se alejó y me evadía, yo ignoré el asunto, pues estaba muy herida. Sabes lo mucho que amé a Iván, teníamos tres años de noviazgo y pronto íbamos a casarnos. —Sí, lo sé. El muy tonto se casó con la hija de Román. —Esa mujer siempre le tiró el ojo, su boda repentina me pareció extraño, una cosa era que me dejara

