Capítulo 18. En que momento he llegado a la habitación, no lo recuerdo, me he fundido en esos besos largos e interminables, que me han hecho perder la razón. Daniel esta sobre mi, su pecho desnudo, sus músculos son anhelados por mis caricias, por mi toque. Mis manos están hechas para disfrutar de cada centímetro de su piel. Quita mi camiseta rápidamente y se enzarza en una pelea con mi sostén, retiro sus manos y lo desabrochó. Si lo dejo un poco más a él, lo habría roto en mil pedazos... Centra sus besos, sobre mi cuello para poco a poco ir descendiendo hacia mis pechos, acaricia los montículos ahora erectos, para después disfrutar de ellos, introduciéndose primero uno en su boca para después atacar el otro. Su lengua hace que mi cuerpo se estremezca por el placer que está recibiendo,

