Sentí miedo por la operación, sentí miedo antes de ella y luego me llegó el alivio. Estaba deseoso por sanarme, dejar de sentir dolor y de paso empezar una dieta normal, ansioso por volver al trabajo, por rehacer mi vida y darle una vuelta a todo, correr a los brazos de mi madre y sentir su abrazo, escuchar su voz de cerca y su beso en mi mejilla, mirar a mi padre, prestar un poco mas de atención a los consejos que el me daba sobre las mujeres, verlo reír y luego recomendarle otro libro que se que nunca leería. Pero ser feliz duraba poco y aunque se suponía que la felicidad y la tristeza llegaban por turnos, esto no se aplicaba para mi. Me estaba adelantando a continuar con mi rutina normal, pero tenía mis motivos. Nunca en la vida había tocado un cigarro, jamas coloqué uno en mis la

