El lunes no pudo llegar más rápido después de un domingo estresante con los nervios a flor de piel. La sola idea de ver a Ángel me tenía, quizás nerviosa, pero también irritada. En la mañana el chofer estuvo allí a la misma hora de siempre, como si nada hubiera cambiado. En la puerta de la empresa, mientras todos entraban, la madre de Ángel me esperaba, con un rostro alegre y pintado con aquella sonrisa falsa. Me acompañó al ascensor, junto con los demás empleados, recorrimos los pasillos mientras ella me hablaba de no sé qué cosa hasta llevarme a mi escritorio, donde me esperaba Ángel. —Bienvenida otra vez. —sentí un nudo en el estómago al verlo, por un momento creí que me fallaría la voz. —Buenos días, gracias señor Wilson. — él se marchó acompañar a su madre al ascensor mientras

