Capítulo 2: Mentiras del corazón.

1146 Palabras
Quedé completamente confundida ante sus palabras, mis padres estaban por irse en un crucero vacacional, dejando todo, inclusive su hogar sin pensarlo. ¿Cómo era posible que no supiese nada de eso? ¿Que haría ahora? —¿Por qué no he sabido nada de esto? ¿Por qué no me mandaron un mensaje?—Pregunté confundida. Mi madre rió.—¿Para qué, Ava? Respondes cuando quieres, a medias y sin preocupaciones. No te importamos hace mucho.—Susurró. Negué.—Yo,... solo he tenido muchas cosas en la cabeza. Muchas cosas en casa, el trabajo.—Balbuceé. —Muchas cosas en la vida perfecta que intentaste tener, Ava.—Susurró mi madre.—¿Puedo preguntarte algo? aunque no sea el momento... ¿De que te sirvió exigirte tanto en la vida?—Preguntó.—Tu trabajo no es millonario, no tienes una vida perfecta.—Reprochó. —...Julia, no seas cruel con la niña. Mira en el estado en el que llegó, no la está pasando fácil.—Reprochó mi padre. —Tranquilo padre. Ella tiene razón, de nada me sirvió exigirme toda una vida perfecta para terminar como estoy ahora.—Susurré con arrepentimiento. —Hablé contigo muchas veces, Ava. Nadie te exigía la perfección, queríamos verte disfrutar, tener amistades, viajar el mundo entero... Verte ser feliz.—Confesó.—Pero desde muy pequeña tu única meta fue la perfección.—Dijo con pena.—No te ha servido de nada. —Es suficiente, madre.—Reproché.—Ya lo entendí, ahora lo entiendo. De nada me sirve que lo repitas una y otra vez. ¡Pablo me ers infiel! ¿Solo me regañas? ¡La he pasado fatal, mi vida se viene abajo!—Grité al estallar.—Nada tiene sentido.—Susurré caminando hasta sentarme sobre el sofá. —¡Ya lo tengo!—Gritó mi padre sentándose junto a mi.—¡Claro! Esto no es más que una señal de la vida para unirnos una vez más. ¡Ven con nosotros al crucero! ¡Vacaciones en familia como en los viejos tiempos!—Dijo con alegría. —¡Ricardo! ¡Sería una luna de miel!—Gritó mi madre reprochando. Nunca había sido su elección favorita, pero sí la niña pequeña de mi padre. Reí llevando mis manos a mi rostro con frustración.—Eso es una tontería, padre. Tengo esposo, tengo trabajo.—Balbuceé rápidamente. —Tenías hija... Tenías. Ya no hay esposo, al menos que pienses regresar con ese imbécil.—Reprochó.—¡Llevas toda una vida trabajando! ¡Mereces vacaciones!—Avisó una vez más. No hice más que sonreír, mi padre seguiría siendo aquel padre amoroso el resto de la vida. Y mi madre Cruella el resto de la misma. Reí mirando el rostro de enojo y frustración de mi madre.—Todo era muy perfecto para ser verdad.—Reprochó. —Tu misma lo dijiste, madre. La perfección no existe, solo existe la felicidad.—Susurré. Giré hasta ver a mi padre quien sonreía de oreja a oreja, levantando sus pulgares con alegría y llevándome a tomar una decisión rápidamente. —¿Un viaje familiar?—Pregunté mirándole sonriente.—¿Cómo en los viejos tiempos?—Insistí. Rápidamente corrió hasta mis brazos riendo.—¡Cómo en los viejos tiempos! Mira el lado positivo, tienes las maletas listas. No habrá mucho, solo debemos apresurarnos y cruzar los dedos para comprar tu boleto. Espero podamos lograrlo.—Dijo poniéndose de pie rápidamente.—¡Julia, sonríe, nuestra niña ha vuelto a casa!—Gritó alegremente hasta tomar las maletas. —Padre, ya no soy siquiera un poco niña. ¡Tengo 28 años!—Reclamé siguiendo sus pasos. —Y un divorcio en trámite.—Continuó mi madre.—Pensé que éste momento nunca llegaría, siquiera de cerca.—Confesó.—Pero no hay más opciones, así que bienvenida abordo, Ava. Rápidamente me lancé sobre sus brazos y reí. Las penas del pasado y las heridas del corazón se las llevaban su sonrisa. Estaba feliz de volver ahí, quizás tenis razón sobre todo, la vida buscaba demostrarme que la perfección no existía, y que todo aquel tiempo que perdí intentando lograrlo, lo podría recuperar al menos por ésta vez. —¡Te va a encantar! ¡Un crucero preciosísimo!—Gritó mi padre al tomar las maletas y comenzar a salir de casa. Reí al verle tan feliz, no había cambiado siquiera un poco.—Espero al menos otros padres lleven a sus hijos.—Susurré. —¿Más hijos divorciados a los 28 años? Lo dudo, hija.—Dijo mu madre tras de mi. —¡No seas cruel, Julia! Lo haces más difícil para ella.—Reprochó subiendo al automóvil.—¡Suban, el Uber cobrará mucho más por la espera!—Avisó subiendo sin cuidado. Corrí hasta allí riendo, subiendo y lanzando mi pequeño cuerpo sobre mi padre, mirando como mi madre subís poco después y nos miraba de manera extraña. —Debo confesar que toda la vida la he pasado celosa de su unión. Ava creció siendo la niña de papá, a mi siquiera me mirabas.—Susurró al cerrar su puerta.—Algunas cosas no han cambiado.—Insistió. —No eres alguien fácil, madre. Nunca lo has sido.—Confesé.—Pero estoy feliz de verlos, feliz de estar aquí. Espero el mar, las olas y la diversión me lleven a olvidarme de las desgracias de mi vida.—Susurré en un hilo de voz. —Tranquila mi niña, podrías encontrar inclusive un nuevo amor. ¡El mundo está lleno de posibilidades!—Gritó una vez más una vez más el automóvil puesto en marcha. —Lo dudo, padre. Mis sentimientos están cerrados por ahora, y por mucho tiempo más. Al menos debo sanar, encontrarme, ser libre por al menos un tiempo. Lo merezco.—Susurré sin mirarle. Rápidamente me envolvió en sus brazos y besó mi frente.—Arriba los ánimos, estamos por tener un increíble viaje. ¡Un crucero!—Dijo alegre una vez más.—Creo que mis sueños más lindos se vuelven realidad, mi niña ha vuelto a mi.—Susurró.—Y para ser sincero, ese Pablo nunca fue de mi agrado. Fatal, me dió mala espinas muchas veces, se veía muy falso.—Confesó. Yo reí a carcajadas.—¡No mientas! Recuerdo con exactitud cuando reías con él, bebias un par de cervezas y decías a lo grande que era el mejor novio que había tenido.—Dije burlona. —¡Me equivoqué, soy un viejo para esas cosas!—Dijo haciendo cosquillitas.—Él es el que se lo pierde, él es el que te pierde. Ya verás, él es el que la pasará fatal. Tu solo disfruta el camino, disfruta el mar, yo me haré cargo del resto.
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