Horas más tarde Encontrar un vestido de bodas en Las Vegas fue tan sencillo como comprar pan francés en una panadería. Esaú y Daniel asistieron con las hadas a la tienda de vestidos, pero no los vieron puestos en el par de hadas porque ellas así lo estipularon. Irene había decidido un vestido blanco con cuello redondo y mangas de princesa, con falda corta de tul que le llegaba hasta la mitad de sus muslos. Parecía más un vestido de ballet que el de una boda, pero ese fue el que le gustó a la pelirroja. Isabelle optó por un vestido rosado brillante de cola de sirena sin mangas. Las dos hadas dijeron que podían ir con sus alas a la vista alegando que eran parte “de un disfraz” porque en las bodas que se hacían en Las Vegas podían ir vestidos como desearan. Cuando llegaron a la suite, todos

